62 Antonio GarcÍa Redondo, mi padre bioilógico
Nació en Santiago el 21 de junio de 1910
AGR, llamado Tuco, animal de 188 cms de altura y 125 kgs de peso, ingeniero civil, escritor
y cantante, cocinero y tenista, chofer de carreras, inventor, diseñador de marcas y
etiquetas, humorista, mujeriego, comedor insaciable, optimista vividor y probablemente
muchas cosas mas en su polifacética exuberancia.
Decía ser el mejor químico que hubiera existido jamás y lo demostraba falsificando
mantequilla y aceite de oliva de calidad tan elevada que probablemente el exceso de
calidad los traicionaba.
1948-1957 Actividad industrial
Tenia en Viña del Mar, entre 5 y 7 norte, entre calle Quillota y 4 Oriente, una fábrica que
ocupaba terrenos al Norte y Sur de la calle. El Terreno del Sur llegaba hasta 4 Oriente, y se
transformaba en la parcela y casa donde residía su madre, la voluminosa y cruel Emilia
Redondo, viuda de Bartolomé García Estela. Este se había suicidado, no es claro cuantos
años antes, lanzándose al paso del tren en la Estación de Ferrocarril de Viña del Mar.
Tuco poseía, a mas de la fábrica, dos barcos pesqueros que operaban desde el puerto de
Valparaíso: la Cataluña y la Covadonga.
Tuco el industrial producía dulce de membrillo en cajas de cartón de 5 kgs; dulce de moras
recogidas en los caminos de Chile entonces prolíficos en zarzales de mora que se usaban
en vez de cercos de alambre de púas; cola pez elaborado de huesos de caballos y otros
animales que caían en una piscina-trampa instalada al efecto en un predio cerca de
Quillota; mariscos y pescados enlatados marca PEVISA; mantequilla fabricada con grasa
animal de los mismos caballos y aceite de oliva con la misma grasa equina a la que
agregaba esencias de aceite de oliva que importaba de Italia en carísimos frascos marrón
oscuro de 5 litros, cada uno de los cuales permitía producir gran cantidad de aceite de
oliva italiano elaborado en Viña del Mar.
Dibujaba y color4eaba la etiqueta de cada lata de conservas que producía su fábrica.
Tallaba en madera con inmensa destreza hélices que después servían para propulsar
pequeños aviones a motor.
En 1954 Tuco el comerciante importó dos automóviles de tres ruedas Reliant Regal Mk II.
El mismo comerciante importaba té que venía en cajas de madera terciada de
dimensiones 60x60x80 cms, el que envasaba y vendía al detal
En resumen no hubo negocio que dejara de hacer.
Fabricó, AGR, cocinero e inventor, una olla a presión de 60 litros con una tapa de pesados
manómetros que le cayó sobre un pié, reventándoselo, y una paellera para 60 personas
con la que cocinaba maravillosas enormes paellas en el fogón industrial del lavadero de
nuestra casa de 8 Norte 980.
Traía cajas de 200 ostras. Cocinaba excelente arroz con tinta de calamares.
Escribió AGR, el escribidor, un trabajo sobre “el reloj de arena” que grabó en disco de
vinylo, de 78 rpm y que transmitió durante un almuerzo del colegio de ingenieros,
mientras él comía y se reía de sus propias satíricas palabras.
Era un gran bromista.
En los pasillos que conducían a su oficina pegó en el piso, con el adherente de moda en
esos días, Miracle, una moneda de un dólar. Entonces quien pasaba por ahí se agachaba a
recogerla infructuosamente.
Una noche durante una gran cena en nuestra casa de Ocho Norte subrepticiamente hizo
poner bajo el capót del automóvil de cada invitado uno dispositivo que había traído de
Estados Unidos y que pocos minutos después de encendido el motor apagaba el auto y
producía una gran humareda y el sonido de fuertes explosiones.
Durante horas estuvimos recibiendo llamadas de teléfono, unos contando del accidente y
otros reclamando por la pesada broma.
Ponía en cada silla de las invitadas a las “canasta” (juego de cartas) que organizaba mi
madre, uno globo de goma que, al sentarse sobre él, emitía un fortísimo peo.
Era un ser juguetón. Un muchachito en un cuerpo enorme.
Cuando comía una empanada chilena le abria un hueco en cada extremo. Por uno de los
huecos soplaba en forma intermitente. Por el otro salía humo mientras él hacia el sonido
de una locomotora a vapor. “ FF…SS…FF…SS…”
Le gustaba decir la frase “Who and it o seek ago in zoos paint alone is” (Juanito se cagó en
sus pantalones).
Me enseñó, a muy temprana edad, el más grosero soneto que se haya escrito sobre la
mujer. Todavía hoy lo recuerdo a cabalidad. Es un arreglo probablemente suyo, del soneto
de Quevedo “Piojos cría el cabello más dorado”, adaptación que cumple con todas las
reglas del soneto y a la que los ajustes de Tuco la hacen de la más baja grosería.
A pesar de su gordura seguía siendo un buen jugador de tenis y de ping pong.
Decía haber sido campeón de tenis en la universidad.
Mas de una vez me llevó a verlo jugar tenis en el Estadio Español de Recreo Alto en Viña
del Mar.
Cantaba Incansablemente, Tuco el cantante, tangos de Alberto Castillo.
El más repetido: “Se acabó tu cuarto de hora”:
“Te conocí hace un año en una pista bailando
Eras negra, regordeta, ya ni sé cómo eras vos
Solo sé que con los pesos que junté trabajando
Te hice rubia, te hice flaca, te convertí en un bombón”
De modo que lo suyo era una mezcla de arte y humor.
Cantaba muy bien.
En el barrio de la Boca, durante la cena, cantaba tangos para deleite del público.
Hacerlo en los restoranes de la Boca, en Buenos Aires, supone cierta calidad.
1948-1950?
Vivíamos en la población Vergara de Viña del Mar, en la esquina NE de 8 Norte y 2
Poniente.
Construyó una enorme casa en la esquina SW de 8 Norte y 3 Oriente: esto es, a cinco
cuadras de donde vivíamos
Apenas terminada la gran casa nos trasladamos a vivir en ella.
En uno de los pilares exteriores de la entrada de la casa empotró una inscripción en letras
negras de hierro: “Antonio García, filósofo”
1940-1953 Padre de familia
Cuando éramos pequeños nos llevaba a pasar días al hotel de Maitencillo.
Las pocas veces que desayunó en casa lo hizo en cama rodeado de sus hijos.
En una fuente poco profunda de vidrio blanco ponía 6 a 10 bistecs fritos delgados y una
docena de huevos fritos. Cortaba todo eso en pedazos relativamente pequeños. Untaba
en ello pedazos de marraqueta, recogía con el pan un pedazo de bistec empapado en
yemas de huevo y nos lo daba en la boca. Así, a uno tras otro a cada uno de sus tres hijos.
Compraba, AGR el cantante, el ultimo modelo de radio Grundig que renovaba cada 6
meses y traía todos los discos de Alberto Castillo, música de piano de Chopin y de un
pianista italiano George Feyer, que entonces nos parecía bueno y que, al redescubrirlo,
décadas después, cuando por fin apareció en Spotify constaté que en su categoría está
bien.
Siempre tenía el ultimo gadget: auto, equipo de sonido, carísimos cronómetros de pulsera
Ulysse Nardin, relojes de estantería cuya cuerda duraba 400 días, filmadoras, maquinas de
proyectar películas, un gigantesco tren eléctrico.
En sus viajes a Santiago le gustaba detenerse a almorzar en Curacaví donde
paraba a comer cazuela de ave en el restorán El Pato Loco.
En el sótano de nuestra casa montó un completo taller de carpintería que nos permitía
fabricar trompos y emboques, un gran tren eléctrico de recorrido interminable, una mesa
de ping pong, reglamentaria, que comenzó con caballetes muy bajitos para acomodar la
mesa a nuestra estatura, caballetes que fueron creciendo con nosotros hasta llegar a ser
de altura normal.
Hoy todos hacemos videos y los vemos de inmediato.
En esa época casi nadie podía tener una filmadora portátil como la que él usaba.
Eran de rollo de película de vinilo, los que se enviaban a Estados Unidos para ser
procesados. Llegaban meses después.
Entonces nos sentábamos en el sótano a ver la película proyectada contra un enorme
brilloso telón portátil blanco.
Nos hacia regalos inapropiados: rifle winchester del 22 con mira telescópica; arco
profesional que disparaba flechas con punta de acero con alcance de un par de cuadras
Tal vez su ejemplo me indujo a obsequiar a mi hija Geraldine, como regalo de 15 años, una
pistola Smith y Wesson del 38mm, cañon largo.
1953
La noche del 1 de enero de 1953, cuando en el puerto de Valparaiso explotó un depósito
de fuegos artificiales a raíz de lo cual volaban incluso hasta el pié del Cerro Barón partes
de los cadáveres de adultos y niños y los heridos que llenaban hospitales, Tuco se
desangraba en casa por una hemorragia nasal. Esa noche era imposible conseguir un
médico que atendiera al agonizante Tuco.
Entonces apareció Urbano Yanez, con su inmenso bozarrón y brutal acromegalia,
acompañado de Lucía, su esposa de verbo incansable. Urbano salvó a Tuco esa noche y a
mi madre, Raquel, una y otra vez.
Tuco nunca descubrió que sus hemorragias era una reacción alérgica. Lo suyo no eran las
deducciones.
1953-1957
Se fue a vivir con su novia a la calle Quillota con 3 Norte. Parece que teníamos gustos en
común: su segunda mujer era parecida a Graciela Goncalvez, mi segunda mujer formal.
Cada cierto tiempo AGR, el piloto de carreras, pasaba por casa a recoger a sus hijos en un
Oldsmobile Holiday 88 último modelo con el que nos invitaba a volar hasta a La Serena.
Con un frenazo me sacó todos los incisivos.
Dada su combinación de barriga y estatura no podía evitar que el volante de su enorme
Oldsmobile le rozara la barriga y le fuera haciendo una mancha en la camisa.
Todos los años nos llevaba a las “100 millas de Olmué” (o de Limache, no lo recuerdo ya)
carrera de motos de 500 cc en óvalo de tierra que resultaba tan exigente para los
participantes que, después de muchas vueltas al circuito algunos seguían derecho hasta
desbarrancarse, incapaces ya de imponer a su moto la trayectoria pertinente.
Tuco era gran admirador de Rocky Marciano. En esa época no había televisión de modo
que había que esperar hasta el día siguiente que apareciera en el periódico a página
completa el relato de la pelea. Probablemente estas peleas se transmitían por radio
traduciendo alguna transmisión desde Estados Unidos o Europa.
Tuko, aficionado a las radios y a los gadgets de último modelo, probablemente escuchaba
por radio esas peleas.
Al día siguiente de cada pelea importante de Rocky Marciano Tuco comentaba con
admiración el extraordinario desempeño que había cabido a ese boxeador que después de
tantos años se puede afirmar que fue uno de los más grandes de todos los tiempos.
Estando yo en el colegio de los SSCC de Viña del Mar apareció en el vespertino de esa
ciudad, La Estrella, la noticia de la quiebra y fuga de mi padre, Antonio García Redondo.
Pocos días antes Tuco había tenido un enfrentamiento con mi madre en el sótano de la
enorme casa en que vivíamos en Viña.
1957-2001
Vivió en Buenos Aires
En 1965 me envió pasajes para ir a visitarlo.
Viajé en Caravelle, avión a reacción recién en uso por Lan Chile.
Compartimos durante 15 días.
De día lo acompañaba en sus tareas y negocios. Una vez más mantequilla falsificada: tenía
una fabrica de galletas de pseudo mantequilla.
De noche, barrio de la Boca: tomar, comer y cantar.
Nos escribimos durante algún tiempo.
Un día malinterpretó mis palabras.
Me escribió una carta bastante dura y nunca más quiso saber de mi.